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STEVE HOGARTH LIVE IN MADRID: SALA GALILEO, 18 DE MARZO 2006
Por: Javier Sanz
La voz de Hogarth, cálida,
melancólica y llena de matices, ha marcado desde hace casi dos
décadas los discos de Marillion. Los 150 fans
de la banda que nos dimos cita el pasado 18 de marzo en el Galileo
Galilei acudíamos con la ilusión de asistir a un
concierto único y el temor a quedar agotados por el más
que extenso repertorio.
Para quien no lo conozca, el Galileo es un café-teatro
con mesas, sillas y sofás, algo así como el plató
de Noche de Fiesta de José Luis Moreno pero
con artistas de talla sobre el escenario (… bueno, no siempre)
y sin desfiles de lencería.
Y menos mal. Las tres horas de concierto y 25 canciones se hicieron
más soportables en torno a una mesa bien surtida de quicos, cacahuetes
y cervezas. Hogarth compareció con la media
hora de retraso habitual en Madrid y sustituyó las tradicionales
partituras por su flamante Macintosh Power Book que ubicó
sobre el piano para arrancar con Easter.

Así descubrímos que su voz basta y sobra para transmitir
toda la emoción de los temas de Marillion y
de su anterior proyecto, How We Live. Alentado en todo
momentos por sus más acérrimos fans nos relató,
en un pausado inglés, los hechos autobiográficos que le
inspiraron This Strange Engine: la difícil renuncia
de su padre, marino profesional, a la vida en el mar, los paseos por
el parque con su perro…
Más a gusto con su faceta de speechman que con la de músico,
a Hogarth se le fue la olla y se puso a leer unas interminables
páginas de su diario, sobre un viaje a Barcelona en el año
98, que les invitaron a la radio y tocaron en directo y no se qué
cosas más, porque al chico se le olvidó lo de hablar despacito
y los poco duchos en lengua sajona no pudimos entenderle demasiado bien.
Repuesto de sus veleidades oratorias,
retomó el piano con ganas dispuesto a hacer lo que mejor sabe:
cantar. Así, se aventuró con temas de Glen Campbell
(Wichitaw Linerman) y los Beatles (Taxman,
Help) para desembarcar en un emotivo Lap of Luxury.
El auditorio le perdonó que en un par de ocasiones se olvidara
de los acordes de alguna canción. Y es que Hogarth
ha variado el repertorio en cada concierto de la gira, hecho que habla
por sí solo de su calidad como artista y de su preocupación
por dar a los fans de cada ciudad algo único e irrepetible.

Con temas de Kraftwerk, Leonard
Cohen, Kate Bush, Carol King o Waterboys
llegamos a los imprescindibles bises. Cuatro temas propios (Hollow
Man, Dry Land, Fantastic Place
y 80 days) y dos estupendas versiones de Life on
Mars (Bowie) y Rocket Man (Elton John)
para ponernos la guinda final que todos esperábamos: The
21st Century.
En definitiva, un concierto íntimo, en familia, con algunos momentos
aburridos pero irrepetible. Pocos artistas tienen la talla suficiente
para presentarse ante su público sin más ropaje que su
voz y su pasión por la música de verdad. Hogarth
lo ha hecho y no nos queda más que agradecérselo.
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