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KEVIN ATWOOD |
Aquí hay mucha luz. Esa fue la primera impresión que tuve cuando escuché por primera vez Blessed Be de Kevin Atwood. Y es que lo primero que destaca de la música de este canadiense es el optimismo que transmite, la energía que impele a sus guitarras eléctricas. Kevin Atwood lleva la friolera de 30 años haciendo música, pero no ha sido hasta el año 2002 que se ha decidido a editar su primer CD, Blessed Be. A mediados de los 70 se unió a un par de amigos para formar el grupo Paralandra. Por aquella época Kevin se dedicaba al rock progresivo, como la mayoría de chicos de su edad. Sin embargo pronto sentiría las poderosas influencias de músicos como Vangelis o Mike Oldfield que en este trabajo son más que evidentes. En Blessed Be Kevin Atwood se recrea en mostrarnos su repertorio de brillantes guitarras y melodías desenfadadas, con ritmos que te levantan y te animan a escuchar sin otro propósito que el de disfrutar de una música vivificante y regeneradora. Desde el primer tema hasta el último no podemos dejar de sorprendernos. Parece que con los elementos que Kevin utiliza no cabría esperarse demasiado, y sin embargo nos demuestra que siempre es posible llevar las cosas un poco más allá. Seize The Day, Rainforest Green, Mothership y The Claw son los temas más trepidantes, los motores de este disco, diría yo. El resto de temas, hasta completar los 11 de que consta, siendo un poco más intimistas no están como mero relleno, sino que aportan una visión más reflexiva de lo que Kevin Atwood puede expresar con su guitarra, logrando que el CD mantenga un sano equilibrio entre la potencia y una cierta serenidad, y eso permite que el álbum mantenga el interés y resista sucesivas audiciones, al contrario que la mayoría de músicos que han sabido encontrar una idea brillante pero que no se sostiene en el conjunto de su obra. Kevin Atwood ha logrado con este disco contagiarnos de su disfrute por la música, que buena falta nos hace.
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