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PSICOTROPIA |
Venta en conciertos y por Internet en www.psicotropia.com Por razones obvias me salto el DVD de regalo que incluyen en este nuevo trabajo, ya que soy el responsable. En definitiva, es ni más ni menos que un miniconcierto de 30’ grabado en un lúgubre lugar por cámaras aficionados… que quedó como estupendo ejemplo de lo que se puede hacer con talento y sin dinero, pero con muchas ganas. Ya les gustaría a muchos Stars del progresivo tener un dvd como éste. En fín, al disco, que es lo importante. 8 temas de lo más potentes. Algunos los hemos oído en los directos del trío, ya que tienen la buena costumbre de trabajarse las canciones durante mucho tiempo antes de grabarlas. Otros son completas primicias. Empezamos con VŸ, una paranoia sobre cuchillos y el mal que todos llevamos dentro… que se convertiría en el “single” del disco si se diera el caso y se consiguiera salir del mundillo underground de la “autoproducción”. Han cambiado estos chicos. A mejor, sin duda… pero avisando a los fans del neo-prog y los cercanos al new-age... Esto puede que sea metal. Si no estuviera escribiendo para gente con cultura habría que decir que no, que nada que ver con Iron Maiden y mucho menos con Barricada… Pero tampoco con Dream Theater ni Shadow Gallery. Más bien con Tool, con el Porcupine Tree más salvaje, Primus, y hasta con Opeth… Siempre he pensado en lo difícil que tiene que ser eso de colocar las canciones de un cd en el orden que van a quedar para el resto de la historia… El efecto que puede causar su mala planificación es lo que al final da la sensación última del disco. Y aquí los amigos han conseguido acojonar en un principio y terminar con un lirismo casi impropio. Detrás de la burrada de VŸ (me gustaría ver las caras de los ineptos fans de Sober oyendo estos temas) viene un principio muy crimsoniano que se desarrolla tranquilamente en Zas, un tema casi casi instrumental en el que posiblemente veamos aún a los antiguos Psicotropia. Eso sí, la producción de Mikel Eceiza le da un estilo propio no sólo a este tema sino a todo el disco, que suena muy potente, algo confuso, sucio, pero evidentemente todo muy calculado para crear unos momentos de auténtica pesadilla psicodélico-metalera en la que es divertidísimo dejarse perder. Pocas veces tan poca gente sonó como si fueran tantos. Quasar empieza como si fuera casi una segunda parte de Zas. ¿Arriesgado? Creo que sí. Estamos en el minuto 13 del disco y los oídos delicados están a punto de cambiarlo por el nuevo de Pendragon o algún clásico de los Moody Blues… Pero ¡no! Pablo Tato canta en cristiano (bueno, vale… que entendamos lo que quieren decir las letras es otro cantar, pero nunca nos importó en el caso de KC o Yes, ¿verdad?) como metido en un túnel metálico, agonizando… Un lirismo todavía muy macarra, pero que emociona y todo. Luego pasa a una parte instrumental impresionante, mientras seguimos flipando con el batería Juan Llul que cada vez toca más y mejor… vuelve a aparecer el fantasma de Fripp… tremendo temazo. El disco ha cambiado radicalmente. Unido por el sonido de la lluvia y un trueno lejano (¿topicazos? Pues claro, pero coño… siempre quedan bien) oímos una línea del contundente y elegante bajo de Jaime Mariscal que nos lleva a Leuven, otro de los temas que aún no habíamos oído ni en los directos de la banda. No hay ruido ni distorsión, otra vez canta… Encendamos los mecheritos. Impresionante temazo de medio tiempo, con un solo de guitarra alucinante, tímidas cuerdas… hay que oírlo. El favorito de las niñas. Cinco Mundos 2.0 es una nueva versión del tema instrumental del primer CD. Tanto tocarlo en directo les creó la necesidad de regrabarlo y revisitarlo. Un interludio que no por resultar conocido queda despegado de este Grog. Pájaro es una historia que a algunos les recordará la película Birdy y a otros más leídos el mito de Teseo… Volvemos a la caña tras el remanso de paz, más en la línea de Zas, pero a la vez completamente diferente. Algunos retazos de sinte nos recuerdan la colaboración del teclista de Kotebel, Carlos Plaza. Está dando pequeños toques aquí y allá, sin recurrir a las manidas “camas” ni a los solos… un trabajo fino completamente en la sombra. Se acabó la caña y la distorsión de nuevo. Nana Negra es un roce con el metal más siniestro, pero en plan tranquilo… una especie de baladita gótica que te pone los pelos de punta, otro hit en un discazo como éste. Pablo Tato canta sin prejuicios, exponiéndose completamente a que le digamos aquello de “qué bien habría quedado ese tema con una voz femenina”. Claro que está loco, pero suena de maravilla. Nada común, poco oído, más cuerdas… lirismo a tope. Y para acabar, Grog, el tema que da nombre al disco y que es una vez más, un instrumental en el que se lucen sin marcar paquete, pasando del jazz al rock, de Primus a Zappa, por todo el morro, jugando a inventar el grog-rock. En fín, que estos chicos ya se van olvidado de adorar al Rey Carmesí sobre todas las cosas, y se van animando a mezclar, a experimentar y a buscar su propio sonido. Están en ello, ¡que es sólo el segundo disco!, pero lo de oír de vez en cuando CDs no estrictamente progresivos da ya estos estupendos resultados. Pone que dura 47’, como los clásicos, sin eternizarse al terrible grito de “¡que caben 80 minutos!” Y, también como los buenos discos… lo vuelves a poner cuando acaba. Pero sí… ponedlo alto y asustar a los vecinos, que estos Rush madrileños hay que disfrutarlos sin prejucios y, como ponían en el Ziggy Sturdust… To Be Played At Maximum Volume. Norberto Ramos del Val
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